Por Daniel Wizenberg
Cánticos como “si este no es el pueblo ¿el pueblo dónde está?” o “el pueblo unido jamás será vencido” se siguen escuchando a través de los años. Llegó el momento de pensarlos.
Hay nociones cuyo significante está tan tensionado por controversias, tan dinamizado y arrojado al devenir histórico que se hace imposible atenerse a una, característicamente fija, definición de diccionario. Una de esas nociones es la de pueblo.
No obstante, su condición dinámica no restringe la posibilidad de la interpretación pero alrededor de esa noción puede (y suele) suceder algo peculiar: que el intento de interpretación devenga en una apropiación del término. Toda facción quiere ser “el pueblo”. Todo grupo particular quiere universalizarse, ampliar el “nosotros”, demarcar con claridad el límite con el “ellos”. Por eso, tanto en una protesta por seguridad de vecinos de clase media de Lanús como cuando un movimiento social corta una autopista, tanto en la movilización de la desilusionada clase alta barilochense como de la maltratada clase baja del mismo lugar se pueden escuchar algunos mismos viejos cánticos: “Si este no es el pueblo ¿el pueblo donde está?” y “El pueblo, unido, jamás será vencido”. Lo cierto, es que después de tantos años de presencia en cantos colectivos esas expresiones merecen que las nuevas generaciones las indaguemos y las pongamos en duda porque inquirir en los cantos (y las ideas) del “pueblo” es desarrollar en el “nosotros” una necesaria mirada introspectiva.
Louis Althusser escribió alguna vez que no existen interpretaciones inocentes por lo que de lo que se trata es de reconocer de cuál somos culpables. La culpabilidad de este abordaje es un entramado en el que la multiplicidad, la división social y la tensión propia de diferentes intereses en pugna son rasgos protagonistas: es que la base de una concepción democrática del pueblo radica en que el interés intrínseco de este no es apropiarse de lo universal sino evitar que alguien (alguna fracción) se lo apropie. Por eso Maquiavelo partía las ciudades en dos partes a las que llamó los grandes y el pueblo; no estaba diciendo que al interior de esas partes no haya fracturas o divisiones sino que, esencialmente, cuando hay una verdadera República, hay dos grandes intereses chocando: el de los primeros por dominar y el de los segundos por no ser dominados. Es que el pueblo, como supo marcar extraordinariamente Claude Lefort, se caracteriza (y mucho más en nuestra época) por lo múltiple, lo diverso, lo plural. En efecto, el ejercicio de un verdadero poder popular está estrechamente ligado a una radicalización de la democracia que articule las demandas de las diferentes facciones del campo popular. La unidad popular que tanto buscamos no es un homogenización de los intereses de las distintas partes del pueblo sino su articulación para la preservación de su heterogeneidad oponiendo al reclamo (conservador) de consenso, que anula tensiones y calla el conflicto de la división, el grito de la irrenunciable multiplicación.
Nuevos cantos
Así, complejizamos la idea de que “el pueblo unido jamás será vencido” para pasar a pensar que (aunque no suene tan bien) “el pueblo articulado jamás será derrotado”. ¿Por quién? Por las facciones antagónicas del pueblo (anti-populares): la minoría que busca desigualarse a costa de las partes que no tienen parte, que en nuestra América Latina son la mayoría. Maquiavelo los llamaba, como vimos, “los grandes” pero nosotros podríamos llamarla “derecha”.
Se trata, entonces, de poner de manifiesto aquella tarea política popular que alguna vez supo sintetizar Rosseau cuando escribió “que todos tengan algo y nadie tenga demasiado”, por eso, la propuesta política verdaderamente popular es la construcción de fuerza para adquirir la capacidad de yuxtaponer el interés de la igualdad (el “sagrado dogma” en palabras de Mariano Moreno) al interés particular -mercantil e individualista- por desigualarse propio del, característico e histórico, grupo de pocos con ambición infinita y riqueza abundante. La tarea popular implica frenar ese añejo río de ambición erigiendo sobre él un dique gigante de democracia.
Desde ese lugar, quizás sea hora de romper la costumbre y dejar de preguntarnos retóricamente cuando nos movilizamos “¿el pueblo donde está?” y empezar a tomar conciencia de que el pueblo está en muchos lados más además de “aquí”, no se trata de universalizar nuestra demanda sino de articularla con otras buscando el interés común (osea el interés popular) que es ni más ni menos, para seguir tomando a Rosseau, que lo que hay de común entre los distintos intereses.
Siempre viene bien repensar el repertorio popular y más en esta época en la que nuestro pueblo- con los ejemplos de las movilizaciones por la resolución 125, el Bicentenario y las leyes de comunicación audiovisual y matrimonio igualitario- “pisa las calles nuevamente”, como canta Pablo Milanés.

Lamentablemente la definición de pueblo esta desdibujada y LOS GRANDES – la DERECHA y el PODER (que son poquitos)la divide permanentemente para permanecer en el poder desde la revolución Francesa para aca; mejor dicho como lo lei en “erase una vez el hombre” o algo parecido que salio en un suplemento en la epoca de Campora, el hombre de las cabernas empiesa a ejercer el poder sobre los demás mediante la fuerza, luego se aviva uno de los más debiles y interpretando los fenomenos naturales crea lo que despues se llamaria religión y atemoriza hasta a el más fuerte. Desde esa desunión para aca los que somos pueblo no nos hemos dado cuenta del poder del pueblo unido (estamos trabajando para los más Grandes,en sus casas, en su club, en su auto, trabajamos para el Poder y le creemos cuando separan los Gremios, separan las mutuales, separan la educación, etc. etc. Y su herramienta es la deorientación educacional y los medios; ya que nuestro único medio pasifico es el voto deberiamos exigir el cúmplimiento de los proyectos si ó si; o como juran que el Pueblo y la Patria se lo demanden (pero en serio, en la plaza)Dios los mandará al infierno, pero no nos sirve de ejemplo para los que siguen.- Lamentablemente nos falta mucho
Chau Daniel
Muy buena dani la bajada laclausiana. Es interesante el articulo.
Un saludo desde el Bolsón
Muy interesante mirada…y analisis. Creo que hay suficiente creatividad como para superar ciertos dogmas..que hasta aca, nos han dividido y fracturado…mas que unido. De buenas intenciones esta lleno el infierno…dice mi madre. Entonces…a pensar en nuevos cantos..en proclamas que entren para ver si nos articulamos de una vez, y asi si…tiramos todos el mismo carro..y para adelante, cuidando que nadie nos quede en el camino.
Un saludo desde Italia.