Sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo

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El debate se desvanece cuando se llegan a argumentos absolutos: el argumento de lo anti-natural es un argumento absoluto. Frente a eso hay que oponerle lo relativo. La democracia es relativa porque se funda en lo múltiple y no en lo uno.

Los que se oponían a Copernico cuando decía que la tierra en realidad giraba alrededor del sol tienen mucho en común con los que hoy se oponen al matrimonio homosexual. Hay determinadas cuestiones en las que pensar en posiciones opositoras resulta difícil. Son esas que uno no puede creer que hayan sido banderas de lucha ante resistencias conservadoras pesadas.

Son personas que se funden en la misma tradición de los que afirmaron que la mujer no podía votar porque naturalmente era inferior al hombre, de los que utilizaron argumentos parecidos pero en relación a los negros, judíos, etc. etc. Siempre basados en una especie de afirmación básica: la minoría es una desviación de lo natural (igualable a la mayoría).

Los opositores al matrimonio homosexual básicamente son ubicables en dos categorías (algunos pueden formar parte de las dos ¿ o todos?): católicos dogmáticos o ignorantes.

Tengo que decirlo, cada uno puede creer en lo que quiera y hacer lo que le plazca (lo tenemos claro, no tanto el Colegio de Abogados que interpuso la demanda o Macri), en cuestiones relativas a la fe todo es respetable, pero detesto el derecho canónico. Cuando la fe quiere transformarse en una doctrina política para el conjunto de una sociedad caemos en una necedad. Este, es el mismo dogma que prohíbe el divorcio, el mismo dogma hipócrita que sigue legislando la castidad de los curas, castigando el aborto, el profiláctico. Si toda la sociedad jugara al juego de la oca, mientras todos vamos por la casilla 150, esta fracción todavía sigue en la 4. Vivimos bajo un Estado laico (aunque haya algún articulillo que ante el lobby eclesiástico y la baja resistencia menemista se coló en la reforma constitucional del 94´) que se funda en la pluralidad de distintos.

Prácticamente todas las cuestiones políticas son discutibles porque son pasibles de, a través de argumentos disímiles, encontrarse, chocarse. Pero esta cuestión no encuentra argumentos sólidos entre los opositores más que el expirado y retrógrado (adjetivo perfecto en este caso) “no es natural”.

Ayer Pedro Brieger, periodista de temas internacionales, fue invitado a 678 (en Canal 7) y después de que pasaron el informe sobre la suspensión del matrimonio gay planteó una pregunta interesante: “¿Por qué, si de alguna manera el matrimonio gay viene a derribar la familia tradicional, hay un interés tan fuerte en tener el derecho a casarse entre los homosexuales cuando este acto es el símbolo de la familia tradicional?”. Así como la libertad y la igualdad tienen una relación de necesariedad y complementariedad cuando hablamos de la política en general lo mismo pasa en este tema. Pues así como no hay libertad donde hay necesidad lo que deriva en que la igualdad de satisfacer necesidades es condición para que haya verdadera libertad (de elegir ser o no ser, hacer o no hacer) tampoco hay libertad de elegir no casarse cuando no hay igualdad jurídica que posibilite la existencia de esa posibilidad de elegir. El derecho al matrimonio a dos personas del mismo sexo es ni más ni menos que eso, ampliar derechos, trazar igualdad donde no la había, para fundar verdadera libertad. A mí no me jode.

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