Por Emir Sader*
A la hora de reconstruir una perspectiva de izquierda es necesario frenar los procesos de privatización de las empresas estatales, de debilitamiento del Estado, de precarización de las relaciones de trabajo, así como fortalecer el mercado interno de consumo popular, la capacidad del Estado para regular y realizar políticas sociales y las políticas externas que privilegian los procesos de integración regional. La alternativa que se aplica hoy es una estéril y equivocada política de oposición frontal a gobiernos como los de Lula, los Kirchner, Tabaré y Lugo, buscando asimilarlos a sus antecesores, sin establecer las debidas diferencias y realizando análisis parciales y deformados que ignoran el carácter contradictorio de esos gobiernos y desacreditan sus elementos positivos.
Existen dos estrategias posibles ante gobiernos contradictorios e híbridos como los que hemos mencionado:
Una, es la oposición frontal, como ya dijimos. Sus consecuencias son el aislamiento y la reducción a políticas doctrinarias y ultraizquierdistas, sin ninguna capacidad de acumulación de fuerzas y de construcción de proyectos y bloques alternativos. Es una estrategia comprometida con la concepción de que el gobierno, ya sea de Lula, Kirchner o Lugo, es el enemigo fundamental que debe ser derrotado. Y dado que esos gobiernos serían la nueva derecha, es válido incluso hacer alianzas con la derecha tradicional para vencerlos.
La segunda estrategia, es la alianza con los sectores progresistas de esos gobiernos, con el fin de fortalecer los elementos que concentran el ataque contra la hegemonía del capital financiero, los acuerdos con los agronegocios, la autonomía del Banco Central y otros tanto aspectos negativos.
Esas son las únicas dos posiciones políticas posibles, pero sólo una de ellas promueve la articulación con los procesos latinoamericanos vividos en la actualidad por los venezolanos, ecuatorianos, bolivianos y cubanos, e inaugura una acumulación de fuerzas para el campo de la izquierda.
Extraído de “El Nuevo topo” Ed. Siglo XXI (2009) Pág.106
*Emir Sader (Sao Paulo, Brasil. 13 de julio de 1943). Licenciado en filosofía por la Universidad de Sao Paulo, Master en Filosofía Política y Doctor en Ciencia Política. Perseguido por la dictadura militar de su país, vivió en la clandestinidad y en el exilio durante 13 años.
Ha sido profesor en las Universidades de Sao Paulo, Chile, Paris VIII y Oxford. Fue asistente de Nicos Poulantzas. Actualmente, es profesor de la Universidad del Estado de Río de Janeiro, donde dirige el Laboratorio de Políticas Públicas.
Ha dirigido la Asociación Latinoamericana de Sociología, el Programa de Estudios de América Latina y el Caribe de la Universidad del Estado de Río de Janeiro y ha sido miembro del Comité Directivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), del que actualmente es Secretario Ejecutivo. Fundador del Laboratorio de Políticas Públicas de Buenos Aires, y Presidente de su Consejo Académico. Investigador de diversos institutos, actualmente, es investigador principal del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico de Brasil.
Dirige varias colecciones de libros y es miembro del consejo editorial de varias revistas académicas. Colabora con diversos medios brasileros (Jornal do Brasil, Folha de São Paulo, Revista Caros Amigos y Correio da Cidadania).
Y escribe en periódicos y revistas extranjeros como Página/12 (Argentina), La Jornada (México) y Le Monde diplomatique. Ha publicado más de 40 libros, entre los que destacan: Que Estado para que democracia? (Organizador con Pablo Gentili)., 1999. Contraversões. (con Frei Betto) 1999. Estado e política em Marx. 1993. Without Fear of Being Happy. 1991. Gramsci: poder, política e partido. 1990. Movimentos sociais na transição democrática. 1987. E agora, ¿PT? 1987.


Me parece que lo que viene ocurriendo en el caso argentino, es que los gobiernos no son ideológicamente homogéneos, por lo cuál a su interior presentan contradicciones doctrinarias y de apreciación sobre aspectos en la contrucción de la realidad hegemónica.Modestamente entiendo que debido a esta heterogeneidad es muy defícil jerarquizarlos dentro de una ideología política.