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El pacto pone fin al conflicto

Por - 16/01/2010

El Club de la Política reivindica la política. En efecto El Club de la Política reivindica el conflicto, por eso la insistencia en el concepto. Ahora enfocado desde el pacto, por Sergio Morresi.

conflicto

“En la Argentina existen ciertos estratos sociales que se sienten particularmente atraídos por la idea de un pacto de unión, una comunión de intereses “que saque el país adelante”.

Los acuerdos políticos aparecen con el supuesto objeto de acabar con la lucha, pero solo pueden ser efectivos cuando el conflicto está terminado, cuando es obvio que hay un ganador. Cuando Alfonsín pactó con Menem lo hizo porque la oposición a la reelección ya había fracasado y lo único que restaba era internalizar la derrota. El pacto, al tiempo que termina el conflicto, transforma la sujeción en autosujeción.

Platón dividía a la política en dos fases: la agonal y la arquitectónica. Quienes comulgan con la idea de los pactos como instituciones fundamentales de lo político parecen olvidar que para llegar a construir, siempre es necesario destruir primero, que la faz agonal es —al menos en el mundo que conocemos— inevitable. El modelo social imperante en la Argentina de hoy no está construido ex nihilo, sino sobre miles y miles de muertos, desaparecidos, exiliados, empobrecidos y desempleados. El pacto de hoy es la derrota de ayer. Al ocultar el conflicto, lo que esconde el pacto es su origen mismo, su razón de ser. Pero no sólo eso, pues tiene como efecto sucedáneo una suerte de plusproducto político: la legitimación de un resultado particular a través de su universalización y así la transformación del dominio en alienación”

Por Sergio Morresi

En “Pactos y política: El modelo lockeano y el ocultamiento del conflicto”: Filosofia Politica Moderna, Atilio Borón. Ed. Luxemburg. 2008


 
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6 Respuestas

  1. Néstor

    *El conflicto llega a su fin, cuando uno de los contendientes a derrotado al otro por la fuerza; o lo ha persuadido de que existen otras alternativas de manera tal que decline sus convicciones.
    *LLevado esto a la política, la ecuación de la derrota se verifica casi siempre, no así la de la persuasión porque resulta dificil convencer a la contraparte que resigne posiciones cuando lo que se encuentra en juego son intereses de grupo o de clase.
    *El pacto que diferentes sectores políticos desean implementar en la Argentina, nace a mi criterio con ilegitimidad de origen, toda vez que los actores del mismo no gozan de la misma paridad de fuerzas
    *El empresariado en sus diferentes vertientes podría llegar a tener los mismos objetivos. El campo por intermedio de sus representantes parece haber encontrado unidad de criterio e intereses. No así la clase trabajadora organizada que carece de representatividad, por la sencilla y simple razón de que es inviable que dirigentes gremiales enriquecidos sean genuinos representantes de trabajadores empobrecidos.
    *Resta aún saber quien puede representar en un supuesto pacto a los sectores indigentes, a la precariedad e informalidad laboral es decir a quienes no se encuentran incorporados al sistema
    *Antes era mucho mas simple; La derecha tenía sus representantes; El radicalismo y otros partidos menores representaban a la clase media, y El Partido Justicialista era el partido de los trabajadores y de los pobres a quienes defendía y protegía aún con serias contradicciones. Luego vino Menem que alteró el sistema de alianzas naturales y estratégicas en la politica argentina y las convicciones usuales se perdieron para siempre.
    *Lo que dice la nota de ocultar el conflicto es real y objetivo, el arbol no puede ocultar al bosque y ningún pacto puede ocultar el conflicto de la sociedad argentina si el mismo no resulta dilucidado.
    *Habrá que construir entonces “poder popular” o “poder ciudadano” que es un concepto mas extensivo. A partir de ello el conflicto podrá resolverse..! por la fuerza o por el concenso, pero entonces podremos entender que nos sentamos a una mesa con identicas posibilidades que los otros actores.

    • Marcos

      Hay una evidente falla en la correa de transmisión de la representación política. Yo soy de los que creen en el sistema de partidos, aunque los partidos argentinos HOY funcionen mal, no funcionen o sean una burda máscara del poder económico (yo me niego a creer que tantos militantes de base comprometidos como conozco personalmente trabajen a conciencia para esto último, y se lo puedo discutir a cualquiera). Doy por supuesto que estamos apostando a la democracia, no? Entonces vuelvo con la misma idea: si por “poder ciudadano” entendemos la capacidad de la ciudadanía común, del ciudadano común desprovisto de cargos y poder de incidir en las decisiones políticas del Estado o de alguno de sus órganos, de controlar al que administra, legisla y gobierna, entonces la solución pasa por ahí. Cuanto menos control de la ciudadanía sobre los representantes, más arbitrariedad, robo y corrupción. Y status quo, por supuesto.

  2. Muy interesante el texto extraído, muy bueno. Solo que al tener cierta abstracción el planteo hay algo que tal vez merezca ser pensado cuando lo bajamos a la realidad concreta: si “el pacto de hoy es la derrota de ayer” y “el modelo social imperante en la Argentina de hoy no está construido sino sobre miles y miles de muertos, desaparecidos, exiliados, empobrecidos y desempleados”, entonces: ¿quien pactó en la Argentina de hoy luego de aquella derrota de los 70´ para sostener el estado de cosas actual? Uno podría responder que fue Menem en los 90´, pactando con el establishment. En tal caso, si somos minuciosos y críticos también podríamos decir que ya antes Alfonsín había tenido sus pactos, ejemplos sobran: la obediencia debida y el punto final, el reconocimiento de la legitimidad de la deuda externa, la vuelta a los mercados internacionales, etc. Pero en lugar de adentrarme en esto lo que quiero remarcar es más bien lo siguiente: si yo respondo que quienes pactaron con el estalishment fueron Alfonsín, Menem o cualquiera de los presidentes que vinieron después entonces puedo correr el peligro de caer en la concepción de que el poder político es una entidad escindida del poder económico, es una entidad neutral que así como pacta con los poderosos contrariamente también podría pactar con los trabajadores y hasta llevarnos al socialismo. Entonces vuelvo sobre la pregunta: son los partidos y la política entes neutrales, escindidos, de la economía o mejor dicho, de los intereses económicos? En una sociedad de clases como la nuestra, con intereses antagónicos (de allí el conflicto) yo creo que no. Los partidos de la burguesía son eso: partidos de la burguesía. Podrán responder a distintas fracciones del capital que también tienen intereses contrapuestos entre sí (pese a pertenecer a la misma clase social) dado que el capitalismo se caracteriza por la competencia entre empresas que se eliminan unas a otras. Pero la realidad es que los partidos políticos burgueses responden a estos sectores; unos al campo (latifundistas o minifundistas), otros a la industria (pueden ser grandes empresas o por el contrario pequeñas), al capital financiero, etc. El punto entonces es que quienes velan por los intereses de la burguesía no van a velar al mismo tiempo por los intereses de su contrario, es decir, la clase trabajadora. Por eso creo importante tener en cuenta que cuando vemos conflicto en la sociedad no necesariamente los bandos contrapuestos representan nuestros intereses, es decir, los de la clase trabajadora. Ejemplos: conflicto con el campo, estatización de las jubilaciones, fondos del banco central, etc. Sucede que con mucha ayuda mediática se contruyen hegemonías en las que intereses ajenos nos son presentados como nuestros intereses o los intereses del “pueblo” o la “nación argentina”, y en ese error político es en el que no tenemos que caer.

    • Marcos

      Juan, me parece que deberías contemplar en tu análisis el fenómeno de la burocracia, o mejor dicho los “burócratas”: yo sostengo que en toda sociedad existieron y existen. Y que, a menor control de las bases, mayor posibilidad de que los burócratas (o llamalos “clase dirigente” si querés), que son quienes toman las decisiones formales en el estado y los partidos, ejerzan sus funciones de representación, administración y gobierno en favor de los intereses del poder económico.

  3. Daniel W

    Comparto el texto, los comentarios de Nestor y el espíritu del de Juan aunque no comparto la idea de este ultimo de que, así como hay entes que defienden el interes de la burguesía haya sujetos que velen por el interés de la clase trabajadora sino que hay una correlación de fuerzas sobre la que hay que incidir y trazar el interés de los sectores populares. Sino es un “ni con uno ni con otro” eterno nunca construyendo poder. Es lo que le pasa a gran parte de la izquierda ortodoxa.

  4. Daniel:
    1)- Mi postura no es ontológica. Si leés bien mi comentario justamente mi postura es crítica de quienes conciben los partidos y la política como entes, como entes neutrales o incluso como tipo ideales weberianos escindidos de los intereses económicos. A su vez, las clases sociales tampoco son estáticas, todo lo contrario, son dinámicas en el desenvolvimiento de la historia. Por ejemplo: en un contexto revolucionario los sectores medios o de la pequeña burguesía tienden a romperse, algunos se van con la reacción, otros con la revolución. El caso del campesinado y de la pequeño burguesía en la revolución rusa es un claro ejemplo histórico de ello. El caso argentino del 2001 (aunque allí no hubo una revolución) también fue un ejemplo de cómo la clase media se plegó a la protesta piquetera al canto de “piquete y cacerola la lucha es una sola”. La misma clase media que después votó a Macri y que el año pasado se quejaba por los cortes de los trabajadores de Kraft. Paradójico, no? Bueno la historia y los procesos sociales tienen esas contradicciones. Pero eso es distinto o el problema es de otra naturaleza cuando creemos que podemos llegar al socialismo con direcciones de la burguesía. Eso sí es una contradicción en sus propios términos, sencillamente porque esa dirección política va a privilegiar otro tipo de intereses: los de las clases dominantes. El peronismo en este sentido es un ejemplo acabado de esta cuestión, en los 70´ Montoneros bregaba y militaba por la vuelta de Perón porque creía que éste cuando llegara instauraría la Patria Socialista. Pero cuando Perón vino les creó la Triple A y los mandó a matar a todos, antes del golpe del 76´ ya había alrededor de 1500 militantes políticos que habían sido asesinados o desaparecidos. Y sí, era claro, el viejo nunca había sido un revolucionario socialista, anteriormente había dado muchas concesiones al movimiento obrero, por supuesto, pero en un contexto histórico y económico de posguerra afín a ese tipo de proyectos, dado que con la destrucción de fuerzas productivas de la guerra el capitalismo necesitaba reproducirse aumentando el consumo, así como también relegitimarse después del espanto de una guerra generada producto de tensiones imperialistas.
    2)-por supuesto que hay que tener una política o incidir como decís vos sobre los hechos que suceden en la realidad política. Pero el tema es con que política. Si con una política que favorece a las distintas fracciones del capital (o sea, a la burguesía) o con una política que favorece a los trabajadores y sectores populares. Las retenciones al campo que eran para pagar más deuda externa, le servían de algo a la clase trabajadora? Los sectores protagonistas de esta pugna, se acordaron de los trabajadores rurales que todavía se rigen con el estatuto del peón rural de la época de la dictadura? O ahora el nuevo conflicto por la reservas, donde resulta que parece ser más progresista pagar la infame deuda con reservas y fondos de jubilados, mientras que estos últimos viven con un salario de miseria después de toda una vida de trabajo. Ni hablar del 40% de pobres que tiene el país o de la enorme mayoría que trabajan en una situación de precariedad laboral espantosa. También a veces sucede que en estas pugnas están quienes dicen optar por el sector de lo “menos malo”, en tal sentido habría que ver qué consideran lo menos malo, lo cierto es que yo no hago política por lo menos malo, la hago por lo que considero mejor para las mayorías, que es la clase trabajadora productora de la riqueza social. No me puedo conformar con el posibilismo a costa de sufrimiento ajeno. Por eso creo que el seguidismo nunca sirvió ni produjo importantes cambios sociales a favor de las mayorías, sí lo produjeron en cambio quienes persistieron en una postura revolucionaria (corriendo el riesgo de ser derrotados o siéndolo incluso, desde ya que también podemos perder). Lo que pasa es que ha habido tanta opresión en los 70´, tantos asesinatos, tal retroceso luego en los 90´ que pensar en un partido de los trabajadores o en una opción propia de la clase obrera nos parece algo lejano, utópico. Y en realidad hay que entender que en otra época eso era moneda corriente, porque había una clase trabajadora al menos con mayor grado de conciencia política, con más discusión, participación, con muchos errores también (haber confiado en las direcciones de la burguesía es uno de ellos) pero más allá de sus errores y aciertos (que también fueron muchos) la realidad es que tuvo que venir una dictadura y “desaparecer” a 30.000 personas para terminar con eso. Creo que es hora de recrear aquel espíritu, luchando junto a los trabajadores, comprometiéndose, acompañando a movimientos obreros que hoy se ponen en pie contra la burocracia sindical que tiene dirigentes ricos y trabajadores pobres. Ya nuestra historia nos demostró que esto se puede, con movimientos entre obreros y estudiantes como aquel que lideró Agustín Tosco, que en el 68 hizo temblar a la burocracia sindical infame, renunciar al gobernador de Córdoba impuesto por la dictadura de Onganía y herir de muerte al propio gobierno militar de la nación. Pero esa no era su finalidad, su finalidad era construir el socialismo, derribando al capitalismo a través de un movimiento clasista, cuestión ésta que muchos “progres” se olvidan de contar cuando rinden homenajes a este dirigente.

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