El progresismo pensado

El otro día en uno de esos programas de entrevistas que hay todo el tiempo en el canal Metro había un personaje cuyo nombre no recuerdo (y tampoco invertí mucho esfuerzo en recordar) hablando del estereotipo del progresismo, el tipo decía: “Un progresista promedio apoya a Obama, condena a Israel, apoyaba a Kirchner hasta antes del conflicto del campo y está profundamente preocupado por la Ley de Bosques. Odia a Sarkozy y admira “Un Sol para los Chicos”. Un progresista definitivamente no es PRO, pero tampoco le cae bien el PO. Un progresista se informa por Telenoche y compra Página 12. Si es un progre intelectual nunca se pierde la Ñ. El progresista promedio es de clase media/media alta, no va a encontrar un progresista pobre por ningún lado.”

Aunque es una descripción bastante chabacana, me pareció un buen disparador para pensar qué significa ser progresista, sobre todo porque tiene que ver conmigo y con el CDP: tanto yo como este club nos consideramos progresistas.

¿Qué es lo primero que se te viene a la cabeza? Le pregunte a 4 personas y me dijeron: el primero, la bandera de Brasil (Ordem e progreso), el segundo gente y sobre todo policías más buenos, el tercero la idea clásica de izquierda (con la que uno además se identifica): haciendo foco en la igualdad más que en la libertad, y en el cambio más que en el status quo y el cuarto la sensación de que curtir la onda progresista es cool.

Wikipedia dice que el progresismo encubre tras el telón de la revolución la consolidación de la burguesía. Pero el progresismo no busca la revolución. Y acá vamos de lleno a la definición: el progresismo busca el progreso, que (según el diccionario) es ir hacia adelante, perfeccionarse, algo así como estar mejor. Y es acá en donde el concepto hace agua, porque la idea de estar mejor al ser una reflexión ética inherente a la política (que descansa precisamente en esa discusión: sobre lo que es mejor o peor, sobre cuál es el bien común) encuentra una relatividad tal que nos imposibilita definir de una sola manera al progresismo. Este mar que es la relatividad es el que posibilita, por ejemplo, que en Argentina los liberales sean conservadores pero en Estados Unidos progresistas. Entonces progresar (estar más cerca de un determinado ideal: estar mejor, avanzar) para algunos es conservar y para otros cambiar. Por eso el Ordem e progresso de la bandera de Brasil, muy influido por el positivismo de Comte, no tiene nada que ver con el de las dictaduras de los 70 en América Latina que utilizaron mucho esas dos palabras pero, claro, con otro significante y significado.

Lo cierto es que existen categorías sociales a las que nos aferramos y así perdemos nuestra libertad al abandonar nuestra subjetividad.

Pensemos, definamos y redefinamos al progresismo. Reinventémoslo. Yo quiero que no haya pobres y que los ricos sean menos ricos, quiero ir hacia una patria grande como la definida en el horizonte político del CDP ¿Eso es ir para atrás o para adelante? Llámale progresista o llámale h, pero podría ser una muy buena forma de llenar de contenido un concepto muy de moda, y como todo lo de moda bastante vacío. Y los conceptos, como los vasos, cuando están vacíos hacen más ruido que cuando están llenos.

Necesito saber qué piensan ustedes.